La lista de evidencias era larga:
1) Nunca la había visto digerir nada sólido. Las pocas veces que habían comido juntos simpre ordenaba sopas. Sopa de cebolla, sopa de poro y papa, sopa de tortilla, sopa de pescado, sopa de algas, sopa de cualquier cosa hervida con especias. Además, a la distraída, como a fuerza, se tomaba el líquido caliente y dejaba lo demás en el plato.
2)No sabía bailar. La única vez que presenció sus burdos esfuerzos por moverse al compás de la música no pudo más que sentir lástima y, luego, más sospecha. Aún a oscuras, en un rincón de la pista, resultaba obvio que no tenía la menor idea de cómo mover la cintura, las caderas, los tobillos.
3) Pronunciaba, de manera mecánica, el nombre científico de todos los árboles y todas las plantas que le salían al paso. Familia. Especie. En latín. Dos ejemplos.
Un simple árbol de duraznos se convertía en su lenguaje, en un prunus persica: un conocido árbol frutal de tronco corto, corona redonda, llamativas flores de color rosa, hojas estrechas y largas, y una fruta de jugos entre amarillos y rosas. Una magnolia era un magnolia gradiflora: árbol ornamental de tronco derecho y corona cónica de flores muy grandes y fragantes.
4) Dormía únicamente un promedio de cuatro horas al día.
5) Escribía mensajes secretos en hojas cuadriculadas utilizando un lenguaje que sólo le pertenecía a ella y a la persona, o ser, a quien se dirigía. La única vez que la confrotó con uno de estos papeles en la mano, ella sonrío plácidamente pero no pudo ocultar su nerviosismo. Tartamudeando, con la clara intención de restarle importancia a un asunto a todas luces grave, le había dicho que se trataba de un ejercicio. Sustituía, le explicó, cada consonante por la consonante que quedaba dos letras atrás en la secuencia del alfabeto. Asimismo, reemplazaba cada vocal por la vocal posterior.
-¿Y eso te resulta divertido? -le preguntó con obvia suspicacia.
-Oh, claro que sí -le contestó ella con los ojos encendidos y la sonrisa más amplia que le había visto hasta la fecha.
6) No defendía a las mujeres.
7) No mostraba ninguna predisposición hacia los niños o los animales o los desvalidos. Nunca daba limosna a ningún mendigo.
8) Se negaba, de manera categórica, a hablar de sí misma. Utilizaba el pretexto de que lo verdaderamente importante no se encontraba dentro (<< el a dentro>> le dijo en más de una ocasión, <<no existe>>) Sino afuera y en el presente. Una flor es una flor es una flor. Sin imágenes de padres o abuelos, sin historias de amigos o conocidos, él nunca fue capaz de delinear siquiera la más mínima de las genealogías.
9) En dos ocasiones la vio llorar frente a los noticiarios de la televisión.
-Pero si sólo es una guerra en otro continente -le dijo con suma exasperación, esperando, fútilmente, que su explicación detuviera su llanto.
No lo hizo.
10) Cuando le preguntaba si lo amaba, ella siempre le respondía que no. Pero luego, en los momentos menos oportunos, con menor significado, lo besaba. Y lo veía con los ojos entornados, como si ni ella ni él estuvieran donde en realidad estaban, como si la mirada los estuviera creando en ese instante.
Y, además, se recostaba a su lado, respirando con la inmutable confianza de los enamorados, con uno de sus brazos sobre su pecho desnudo. Y pasaban días juntos, caminanado sin rumbo, platicando. Y, sin embargo, cuando le preguntaba si lo amaba, ella siempre le respondía que no.
11) Nunca la había visto levitar o comunicarse abiertamente con seres extraños. No la había pescado orinando a través de los dedos o con el rostro transfigurado por alguna emoción lejana. Nunca había identificado el vehículo en que llegó a la tierra. Todo eso, sin embargo, constituía la más concluyente de las evidencias: si la mujer no parecía abiertamente anormal era, precisamente, porque lo era.
Gracias Ana por el add